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En mayor o menor medida el ser humano ha sido siempre víctima de las construcciones económicas, sociales, ideológicas y religiosas que él mismo ha creado de manera permanente a lo largo de las civilizaciones que se han ido sucediendo desde los albores de la Historia. Sin duda la más dramática, injusta, y también la mayor en términos cuantitativos, es la derivada dé lo económico, o sea, la pobreza, cuyo padecimiento debilita las capacidades intelectivas y afectivas del individuo, reduciéndole, en las situaciones extremas, a un estado casi vegetativo. Sin embargo el número de víctimas provocado por razones de índole ideológica, y utilizo ahora el término en su sentido más amplio,es mayor incluso, pues afecta a todos con independencia de su adscripción socioeconómica. Se trata de creencias de distinto orden que han ido calando en las mentalidades hasta convertirse en verdaderos axiomas, cuya asunción por parte del sujeto implica renuncias y esfuerzos a menudo gratuitos pero que lo esclavizan psicológicamente. Cada periodo histórico es rehén en este sentido de esclavismos propios que suelen sumarse a los heredados. Así en nuestros días, los grandes avances científicos están contribuyendo a la mejora de nuestra calidad de vida, lo que de alguna manera ha generado un optimismo que nos está conduciendo a creer en la posibilidad de detener el envejecimiento. Y como ello activa al mismo tiempo un mercado en otro tiempo impensable que va desde la cirugía estética hasta los productos de cosmética, el resultado es la invención de un prototipo humano joven y esbelto que ha calado en las sociedades desarrolladas. La mujer ha sido hasta el momento la principal receptora de este mensaje, aunque poco a poco también el hombre se va integrando en ese prototipo. Lourdes Carcedo aborda en su inicial incursión creativa el tema de la dependencia femenina de los roles estéticos que la convierte en víctima de la moda; una moda que en cierta medida ha dejado de serlo al haberse transformado en permanente. La autora ha elegido la iconografía paródica para resaltar las servidumbres a las que se someten tantas mujeres como fruto de la interiorización de unos argumentos difundidos masivamente, desde los mass media hasta la publicidad: mujeres clónicas dispuestas en formación casi militar, repertorio de troncos colgados sobre perchas para resaltar su objetualización, productos de belleza envasados a modo de objetos del Nouveau réalisme. El uso de fotografías manipuladas, junto a las acumulaciones objetuales y su presentación en contenedores traslúcidos, además del propio enunciado temático, las relacionan con el discurso plástico de Paloma Navares, si bien en el caso de Lourdes Carcedo hay un menor dramatismo, e incluso una abierta ironía, como sucede en "Me han salido patas de gallo". Las alusiones a los diferentes aspectos que inciden en la articulación de ese body building femenino canónico se hallan aquí sintetizadas a través de las imágenes de unas muñecas metamorfoseadas en cada caso para adaptarse materialmente a cada formato y soporte. Un guiño más a esa adaptación de la anatomía de las mujeres a los estereotipos vigentes que las convierten por encima de todo en cuerpos frágiles.
Javier Hernando Carrasco